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El fútbol y el Sálvame

Pelota de futbol

Tendemos a pensar que nosotros lo hacemos todo bien y que son los demás los que se equivocan continuamente, los que hacen o dicen cosas que carecen de lógica. En este sentido, son los hombres y chicos de casa quienes rebosantes de repulsión y sintiéndose superiores habitúan a decir a sus mujeres, madres o hermanas que dejen de ver el Sálvame, que eso las atonta; para inmediatamente después coger el mando y poner... ¿El fútbol?

¿De verdad crees que la prensa rosa es más dañina que el fútbol? Comentándolos fugazmente decir que si ambos son temas de gran calado (y de muchísimo dinero) en nuestra sociedad es porque de nuevo, atacan a lo más profundo de nuestro ser. ¡Nuestros instintos!
La Humanidad lleva unos cuantos milenios de civilización, de progreso científico y tecnológico y de avances innegables en la convivencia social. Sin embargo, el ser humano sigue siendo rehén de los instintos primitivos que habitan su alma coexistiendo con los valores que conforman el súper yo.

En primer lugar, no es difícil darse cuenta de que el cotilleo es natural al ser humano, vayamos donde vayamos estará presente. Como en todo, hay personas que se pueden contener más y personas que se dejan llevar por sus necesidades. Y como casi todo lo que es natural al ser humano, lo es porque en el pasado nos ha ayudado a sobrevivir.
Tanto si es positivo o destructivo, el cotilleo es funcional. Nos permite vivir en grupos muy grandes consiguiendo información sobre personas claves aunque no hayamos tenido una experiencia directa con ellos, de alguna manera nos permite “valorar” a personas con las que nunca hemos cruzado una palabra.

Por otro lugar, el fútbol es descendiente del circo romano y se utiliza para sacar afuera toda esa violencia que innatamente tenemos dentro. Si bien se trata de un espectáculo más refinado que el del antiguo anfiteatro, lo que proporciona y hace sentir al espectador son sensaciones similares. No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que cada vez que se juega un partido, son 30000 personas desinhibidas las que reúnen en el campo dispuestas a dejarse la vida y los insultos más creativos para satisfacer instintos primarios.

Sin embargo, como nos habremos dado cuenta, al fútbol además de las características citadas hay que añadirles unas extras. No solo nos sirve para sacar la violencia, sino para satisfacer el esquema de creencias que todos necesitamos. A todos se nos hace la boca grande cuando decimos “yo no creo en tonterías y mentiras, ¡Soy ateo!”. Lo cierto es que todos tenemos que creer en algo por naturaleza y movernos en base a unas premisas. Y en mi opinión, me parece bastante más humano y evolucionado adorar a Jesucristo que a Messi, Cristiano Ronaldo o Diego Costa.
Las personas necesitan creer en algo y el fútbol les permite soñar con una gloria ficticia. Ven a los jugadores como héroes, que hacen realidad sus sueños y les brindan gestas. Piensan que sus cánticos dan alas a sus ídolos para lograr una hazaña memorable por la que serán recordados. Ahí entran en juego los sentimientos. El fútbol es como tal una pasión y religión. Es capaz de concentrar a 60.000 personas en un estadio y a varios millones frente al televisor. Todos vibran de emoción a la vez y endiosan a los jugadores, es una especie de culto religioso. 

La comparación entre el Sálvame y el fútbol es justa y si se quiere llamar a una de ellas absurda, la otra debería ser catalogada de la misma manera. La admiración del fútbol televisivo es un sin sentido, ya no solo porque no obtenemos beneficio alguno de ello, sino también porque los partidos de 90 minutos son solo cortinas de humo con intenciones y objetivos que no somos capaces de imaginar.
Es una industria dirigida por empresarios que buscan beneficios económicos. Un ejemplo sería la presentación de los Mundiales de Fútbol como algo grandioso, la unión amistosa en igualdad y armonía de las naciones en una confrontación no bélica. Detrás se esconden los intereses de diversas empresas que lo monopolizan. Se genera una cultura deportiva industrial, que se renueva continuamente. La filosofía del deporte y los valores éticos de la competición amistosa se sustituyen por clichés y merchandising. 

Lo cierto es que en nuestro cuerpo albergamos instintos de nuestro yo más animal e irracional. Está claro que no podemos cambiar nuestro esquema de creencias de la noche a la mañana, pero sería muy sano hacer un ejercicio de reflexión y consciencia para determinar qué nivel de vida queremos para nuestras existencias, sin entrar en lo potencialmente bueno o malo que tenga cada afición.
¿Quién tiene la culpa de todo esto? Los dueños de los medios y la gente. Pues si se educara en valores diferentes a la importancia del partido del domingo, habría una opinión pública informada y cualificada ante la situación socio-política y económica tanto nacional como internacionalmente. Por tanto en el fútbol se cumple la teoría de la agenda setting, los medios son tan poderosos que fijan los temas a debatir. Además las opiniones contrarias a esto al ser minoría son silenciadas por la masa, por ello también se puede hablar de espiral del silencio en torno al fútbol. La gente debería tener conciencia de la situación, preocuparse por saber la verdad y tratar de informarse, decidir los temas que le interesan por sí misma y dejar de ser masa.

No pretendo educar ni dar lecciones de moralidad. No soy quien para hacerlo. Pero soy un convencido de que elijamos las elecciones que elijamos, debemos hacerlo conscientemente ya que es la base para una vida real y digna. Respecto al otro tema, no me cabe duda de que se trata de una herencia machista el pensar que ver fútbol es más inteligente que ver el Sálvame. Los dos hobbies tienen igual de sentido o de carencia de sentido.

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Comentarios

  1. Estoy bastante de acuerdo con tu exposición, y yo pienso que el ser humano cree en dioses, super estructuras o en el fútbol y afines porque no cree en sí mismo, y ese tal vez es el problema. Por añadidura el fútbol siempre me ha parecido un burdo instrumento para controlar a la población y entretenerla de las cosas que realmente importan, además, el negocio futbolístico me parece un insulto a la inteligencia, y por supuesto otro de los generadores de violencia en nuestra estructura social. No entiendo cómo la gente es capaz de llorar por emoción cuando se equipo gana un mundial, y no lloran por la gente que está sin casa, sin comida, sin asistencia sanitaria y sin los mínimos, no entiendo porqué no se llora en este país por los motivos reales de tristeza que tenemos para ello, entiendo más la violencia generada por las carencias de la población que por enfrentamientos entre grupos de equipos de fútbol diferentes...Supongo que me siento profundamente defraudada por nuestra especie, por todas estas cosas y por muchas más...
    En fin, menos mal que una se centra en lo realmente bueno y gratificante de las relaciones y las personas, porque sino...Ja ja ja ja..
    Me alegra leerte de nuevo Alejo.

    Un beso!

    ResponderEliminar
  2. Totalmente de acuerdo. Yo me consuelo pensando que simplemente somos un animal en evolución al que le queda mucho para dominarse.Y mientras esto ocurre y sin renegar de lo malo que sucede en el mundo, hemos de intentar ver lo bueno de la vida.

    Lo mismo digo Sofya!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta esta idea tuya de que todavía estamos en evolución, es la excusa perfecta para justificar todos lo males que ocasionamos al mundo y a la naturaleza.

      Un abrazo Alejo!

      Eliminar

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