Que nadie me escupa cuando menosprecie su conocimiento cultural. Que nadie se enrabie cuando no me posicione a su favor en debates altamente dogmatizados. Que nadie se enoje al leer mis críticas sobre lo poco práctico de actuar en base a una determinada ética. Que nadie se irrite cuando le diga que su relación sentimental le ha condenado por siempre. Que nadie me atice cuando le defina como un estúpido animal preprogramado. Porque será alguien como yo quien le guie cuando muera en vida, cuando se dé cuenta de que la vida no tiene sentido per sé y necesite de consejos no-basados en conocimiento interesadamente absorbido para evitar confrontar el desierto de lo real.
El hecho de que los humanos reflexionemos sobre la realidad no es cuestión de azar. Muchas, y me atrevería a afirmar que en alguna parte de sus vidas todas las personas, han experimentado la sensación de que se nos escapa algo. De que debe haber algo que dé sentido a todo esto o que directamente estemos siendo engañados, ya sea por un ente exterior o por nuestra propia mente, y sea por ello que no consigamos quitarnos de encima esta melancolía existencial o nostalgia que nos abarca en ocasiones. "Te explicaré por qué estás aquí. Estás porque sabes algo. Aunque lo que sabes no lo puedes explicar. Pero lo percibes. Ha sido así durante toda tu vida. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente y te está enloqueciendo. Esa sensación te ha traído hasta mí ¿Sabes de lo que estoy hablando?" - Morfeo. La frase que da título a la entrada, es producto de Jean Baudrillard, filósofo postmoderno francés que alcanzó popula...

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