Yo soy la Alfa y la Omega. Mi pensamiento abarca toda posibilidad. Mi capacidad de maniobra es infinita y hablo en clave de sol. Sol que desaparece al observar incrédulo a Adam y Eva, antaño unidos; degollados por la desesperación de quien es todo amor pero es incapaz de amar. En mi ilimititud sé qué hacer para propagar la dicha. Tengo el poder de ahuyentar los sentimientos venenosos que acuden a la rutinaria cita nocturna con mi pareja de baile. Poseo la cualidad de sentir la armonía y armonizar los muy distintos y distantes elementos que hay en esta más que ensayada obra de teatro. Puesto que armonía simplemente es convivir yo, los demás, y la naturaleza que rodea un mundo, que es mucho menos material y verdadero de lo que son actualmente en la Tierra los espíritus humanos. Una vez subí al cielo y aprendí del paraíso, la receta para que la humanidad sonría en comunión, en vez de buscar su júbilo en la derrota del de enfrente. Y sin embargo, el vacío me atrapa en su desprecio por...