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El amor como estilo de vida


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Uno de los problemas de utilizar el lenguaje como código para la comunicación es que una misma palabra significa inevitablemente conceptos distintos para diferentes personas. Las palabras no solo poseen distintos significados dependiendo del contexto, sino que también dependiendo de las vivencias de cada persona varía relevantemente. Cuanta más fuerza tenga el concepto que la palabra represente, más significados y variantes tenderá a tener. Un buen ejemplo es la palabra amor. La RAE establece que tiene 14 significados. Y por si fuera poco… El tema de hoy trata sobre uno que no aparece en esa lista. Voy a pronunciarme sobre el amor como estilo de vida.

Como base que fundamenta el resto, este modo de vivir implica necesariamente un amor sincero por la vida y a todo lo que pertenece a ella; tangible o intangible. Hay que aceptar la vida tal y como es porque así tenía que ser. Los seres humamos somos unos listillos y capullos porque de otra manera no habríamos sobrevivido al intransigente medio ambiente. Gracias a lo anterior, la Tierra ha evolucionado para permitir la vida inteligente, es decir, para que nosotros podamos desempeñar nuestro papel como criaturas pensantes. Luchemos por cambiar el mundo, pero no vivamos enfadados con él.

En segundo lugar, debemos amar la naturaleza. ¡Es desde hace menos de 5000 años que el ser humano vive en grandes ciudades! Todavía no nos ha dado tiempo a adaptarnos. Por ello, la naturaleza sigue siendo nuestro hábitat natural. Obviamente el ser humano ha evolucionado y modificado sus maneras de vivir y costumbres pero no seamos insensatos. No solo necesitamos de tener contacto con ella, sino de interiormente adorarla y mimarla para no sentirnos perdidos en el mundo.

De la misma manera, tenemos que amar a todos los seres humanos. No se puede negar que las personas, además de tener virtudes y valores, poseen también sus defectos y manías. De forma natural, nos saldrá de las entrañas intentar competir con ellos, tener envidia y ansiar sentirnos superiores física o intelectualmente en aras de nuestro instinto de supervivencia. Inevitablemente por todo lo anterior, existirá gente que no nos caiga del todo bien. Pero debemos aceptar que todos no somos, ni debemos querer ser iguales. Cada persona vive en su gigantesco mundo personal y de cada una de ellas se debe intentar aprender conocimientos y experiencias. Asimismo, te sirven para darte cuenta de como quieres o como no quieres ser en la vida. ¡Gran parte de lo que tú eres, lo eres por lo que han conseguido otras personas antes de que nacieras! ¡Tú te debes a los demás!

Por último, debemos amar la actividad. Nuestro cuerpo está biológicamente construido con el objetivo de poder retener energía para después emplearla en el día a día. Si no la usamos, no nos quedaremos plenamente satisfechos a final de la jornada. ¡Y lo tenemos tan sencillo! La vida es tan genial que fluye al mismo tiempo en todas direcciones. Solamente tenemos que elegir cual nos motiva más y zambullirnos en su vorágine. No podemos permanecer estacionados en un mismo lugar por años. No podemos vivir de casa al curro y del curro a casa. No podemos elegir no actuar para no arriesgarse a fallar. Quien creyendo que viviendo una existencia tranquila y sin sobresaltos va a tener éxito se equivoca. Tener éxito en la vida es ser feliz, y la felicidad no se presenta por sí sola. Se ha de ir a su caza y actuar en consecuencia.

Aceptar a la naturaleza como madre, te ayudará a darle mayor sentido a la vida. Aceptar los defectos de los demás, te ayudará a aceptarte a ti mismo. Aceptar la proactividad como modelo de vida, te ayudará a autosuperarte continuamente. Amar vivir es condición indispensable para ser feliz.

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