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El eterno presente

Tiempo en Reloj con agujas

Entre las cosas que nuestra sociedad considera carentes de valor o socialmente no aceptadas está la de pensar libremente. La de razonar desde 0, la de llegar a conclusiones distintas a las que piensa la mayoría, la de formular una crítica activa de los ideales y pilares sobre los que se apoyan nuestra cultura, etc.

En mi caso particular, esta manera de ver la vida se traduce en un blog donde escribo mis razonamientos, inquietudes y vivencias. Sin caverna no hay mito ha vivido distintas etapas, la cuales han estado marcadas por lo que siento hacia él.

En su comienzo sentía muchísima vergüenza. Un adolescente siempre tiene miedo a no ser aceptado por sus amigos y familia. Buscar el equilibrio entre lo que uno es y lo que el resto de la sociedad quiere que él sea no es tarea menor. Un par de años más tarde, varios de mis amigos llegaron a él y a algunos les encantó. Igualmente la familia lo aceptó y apreció, e incluso a las novias les gustaba mi vena pensadora y escritora. Finalmente, empecé a sentirme realmente orgulloso de él, del camino vivido y de todo lo aprendido junto a él. Este blog es poco menos que mi vida adulta reducida a palabras y sentimientos.

Lo más interesante de vivir, o de escribir un blog; es que todo lo pensado, todo lo escrito, sufre un proceso en el que el resultado final de esa profunda meditación, se acaba interiorizando como si fuese algo que siempre hubiese estado ahí, aunque hace un mes jamás te hubieras puesto a pensar sobre ello. Esta característica del ser humano en la que uno puede no fijarse apriori, no solo nos da posibilidades infinitas de felicidad y progreso individual, sino que tambien provee al ahora de una importancia sublime. A lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que vivimos, a lo que reflexionamos en este mismo momento, puesto que es posible que pase a formar parte de lo más vital para nosotros.

Este hecho no solo se hace especialmente evidente cuando alguien está escribiendo. Tambien cuando ocurre algo que nos conmociona interiormente o simplemente cuando discutimos con un individuo sobre un tema que personalmente es significativo para nosotros, entramos en un proceso de profunda reflexión que nos obliga a quedarnos a oscuras con nosotros mismos. En ese momento de concentración, en el que intentas transformar a palabras aquello que sientes, solo existe el yo de ahora. En ese instante uno es capaz de llegar a la base de lo que somos y de lo que nos hace singulares. Estamos estableciendo los cimientos de nuestro ser pro activamente.

Lo que escribo, lo hago motivado por choques del exterior sobre mi ser de ese momento. Ideas que chocan de frente contra mí, o por el contrario, ideas que se mueven paralelamente en mi misma dirección y con las que me siento plenamente identificado. Si no tenemos pilares sobre los que entender y juzgar el exterior, no estaremos percibiendo el presente como un presente continuo, sino como un pasado y un futuro omnipresente. Un pasado que no elegimos, al no haber tenido poder de decisión sobre el presente; y un futuro que eternamente nos someterá al azar de los acontecimientos.

No podemos dejar lo que queramos ser para adelante. No podemos decir hoy como chocolate y dejo para otro día el comienzo de una dieta que me vaya a hacer sentir mejor. No podemos decir hoy me voy a tirar a esta chica y dejo para pasado mañana el inicio de una relación con la muchacha que realmente me gusta. No podemos decir esta semana me fumo mis últimos cigarros y después lo dejo para siempre. Precisamente el ser conscientes de las anteriores decisiones y el ejecutarlas, nos transforma en eso que supuestamente queremos dejar de ser. Nos hace ser golosos, en vez de controladores de nuestros vicios y de nuestra vida. Nos hace no volver a ser capaces de tener una relación de verdad. Nos hace mentalmente fumadores, aunque temporalmente consigamos físicamente dejar de fumar.

Pocas veces he visto un cambio real en alguien. El problema está en que aunque deseemos cambiar, no somos plenamente consciente del gran poder que posee cada una de nuestros decisiones diarias. Si tú quieres cambiar algo pero cada día tomas 10 decisiones que van en contra de ese deseo, es totalmente imposible que lo logres. Nuestra mente no funciona así. El momento para cambiar el mundo no es mañana.

Esta dejadez excusada en el transcurrir del tiempo nos acaba consumiendo. El ego se enreda con facilidad en el pasado donde cree que reside su identidad. La interpretación de lo sucedido da al ego una base para ser más de lo que es, casi siempre para ser menos. Así el pasado es una coartada del ego para justificarse y el futuro, siempre inalcanzable, una promesa de realización. La neurosis sobreviene cuando tengamos lo que tengamos, hagamos lo que hagamos no hay plenitud. Creemos que nos falta algo para ser felices, para estar completos, para, por fin, ser libres. Nos falta el hoy.

Tenemos que aterrizar en el presente porque permanecer en el presente es lo único real. Aceptar que la realidad es como es, que los seres humanos son como son y que tú eres lo que eres. Y eso no es un desprestigio, sino una gran oportunidad de abandonar un juicio preñado de miedo y abrirse a lo potencial que reside en todo lo que hay. Nos cambia tanto lo que hacemos en cada momento como lo que dejamos de hacer. Si hay un tiempo en el que podamos estar plenos, conscientes y con gozo es ahora.

Medita sobre la vida, reflexiona sobre tus acciones, piensa libremente sobre las ideas que mueven la sociedad y que sea la mezcla de todo lo anterior lo que te vista en el día a día.

Esforcémonos por vivir un eterno presente.

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